El fracaso es sólo un juicio sobre los resultados a corto plazo

Si nos preguntamos qué es el fracaso, seguramente la respuesta que nos surge de forma espontánea es aseverar “el fracaso es no conseguir lo que te habías propuesto”. Ése me atrevería a asegurar que es el principal baremo sobre el que nos decidimos a definir cuándo una iniciativa personal o profesional es un éxito o un fracaso: la consecución del cumplimiento de nuestras expectativas.

Sin embargo, si somos capaces de convivir con el malestar que nos causa el no haber conseguido lo que esperábamos o queríamos, podemos profundizar más en lo que esconde ese fracaso convirtiéndolo en un éxito para el aprendizaje y nuestro desarrollo personal y profesional.

Lo cierto es que resulta difícil hacer esa conversión por varios motivos: primero, porque como ya he dicho, uno se siente muy incómodo, triste, abatido y frustrado con el fracaso así que intenta apartarlo a manotazos, olvidarlo, esconderlo ante sí y ante los demás; segundo, porque los que nos rodean también intentan que nos olvidemos de él, restarle importancia, empujarnos a seguir adelante sin detenernos en sentir y vivir esa incomodidad que nos está “diciendo” cosas y, por último, porque supone enfrentarse a una parte de sí mismo que, según nuestras creencias, pone en tela de juicio nuestra valía y autoestima.

Es curioso ver cómo, si bien cualquiera reconoce el valor que puede aportar el fracaso, siempre que se organizan foros, seminarios, clases magistrales… para emprendedores sólo se invita a personas que han conseguido alcanzar el éxito. ¿Cuál es, entonces, el mensaje que están transmitiendo a través de esas invitaciones? Justo el contrario al que están predicando.

Esta sociedad pretende imponernos un ritmo tan acelerado que, con frecuencia, nos conduce a sobrevalorar lo que podemos hacer en unos meses e infravalorar lo que podemos hacer en 1 ó más años. Ten por seguro que si no consigues poner en marcha tu empresa en 6 meses, no has fracasado; si no consigues acelerarla en otros 6 meses tampoco has fracasado; si no alcanzas la facturación de centenares de miles de euros que te habían dicho que tu negocio debería acumular, no has fracasado. Simplemente debes abrir el horizonte de tu visión y conocer tu propio ritmo y el de tu proyecto. No dejes que otros te lo impongan ni juzguen tu valía por no cumplir los plazos. Como reza el post de este artículo, el fracaso es sólo un juicio de los resultados a corto plazo.

Tras estrepitosos fracasos pueden venir gloriosos éxitos que han sido posibles precisamente por haber cometido con anterioridad errores y haber sabido procesar y depurar el aprendizaje implícito. Si te equivocas, tal vez te ayude aplicar estos principios:

– No busques culpables ajenos a ti. ¿Qué de lo que tú has hecho ha contribuido a ese fracaso?
– ¿Qué has aprendido?
– ¿Qué harás de manera diferente la próxima vez?
– ¿De qué manera vas a continuar? ¿Cuáles son tus siguientes pasos?

Si te focalizas en lamentarte caerás en el pozo de la culpa, el resentimiento y la inacción. Si, por el contrario, te centras en lo aprendido y en la posibilidad de aplicarlo en tus acciones futuras, rápidamente cobrarás de nuevo la confianza en ti mismo, en tus capacidades y en tu proyecto.

He conocido a emprendedores de ésos que son alabados por su éxito porque han levantado empresas que se han consolidado en el mercado con un gran número de trabajadores y una facturación muy suculenta. Algunos de esos mismos emprendedores, en “petit comité” se reconocían desbordados, estresados, presionados, angustiados, lamentaban haber abandonado su vida personal, haber perdido amigos, no vivir el día a día con sus hijos pequeños, y todo para conseguir el preciado éxito y ser aplaudidos. Se sentían atrapados en una rueda de compromisos y expectativas (propias y de terceros) de las que se veían incapaces de salir. Por supuesto no a todos les pasa pero, ¿creéis que a los que sí les ocurre son personas de éxito?

El tiempo va conformando en mí la definición de que el éxito es vivir la vida de manera que seas capaz de disfrutar de manera equilibrada de lo que te hace feliz, acompañado de las personas que te quieren y a las que tú quieres y siguiendo tus principios. Sólo si no consigues esto, habrás fracasado.

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