Cuando el reconocimiento es un arma de doble filo

¿A quién no le gusta que le digan “lo has hecho muy bien” o “eres un crack” o “gracias a ti hemos alcanzado el éxito”? Son frases que otros nos regalan y que implican un reconocimiento hacia nuestro trabajo, capacidad o manera de ser. El efecto positivo es inmediato: satisface la intrínseca necesidad de todo ser humano de elevar su autoestima. Además, y como emprendedores, recibir esta clase de aliento de quienes nos rodean, nos motiva a seguir impulsando nuestros proyectos.

Hasta hace muy poco, conocía tres modalidades de reconocimiento que daba como válidas y aplicaba en mi vida profesional y personal.

La primera empezaba con la frase “quiero felicitarte por haber hecho…” seguida de la acción que quisiera reconocer. Con esto expresaba mi enhorabuena orientada a un determinado comportamiento.

La segunda decía “quiero felicitarte por tu capacidad para…” y añadía cuál era esa capacidad reconocida. En este caso, la orientación del reconocimiento se dirigía a la habilidad o talento de la persona.

Y la tercera modalidad de reconocimiento la iniciaba con el enunciado “quiero felicitarte por ser…” al que incorporaba qué cualidades de su ser consideraba merecedoras de mi reconocimiento.

Entendía que el impacto que generaba el reconocimiento en la persona era superior cuanto más lo dirigiese a su ser y no a una determinada acción.

Sin embargo y a raíz de la lectura del libro “Comunicación no violenta” del autor Marshall B. Rosenberg, que resultó muy revelador, he descubierto el peligro que entraña cierto tipo de expresión del reconocimiento, especialmente el orientado a la habilidad y al ser de la persona.

Esos reconocimientos, excepto el que se dirige a reconocer una acción específica, implican un juicio de quien los emite respecto de la persona que los recibe. Si bien ese juicio, al resaltar cualidades positivas, tiene un efecto también positivo, no por ello deja de ser un juicio que hacemos sobre otro (“yo pienso que tú eres…”, “yo creo que tú tienes capacidad para…”). En cuanto el sentido del juicio deje de centrarse en lo positivo para hacerlo sobre lo negativo, el efecto será entonces demoledor porque también le daremos validez al haber desplazado lo que opinamos sobre nosotros mismos del yo al otro.

El emprendedor es una persona que habitualmente siente que está sometida a muchísimas evaluaciones: la suya propia, la de sus socios, equipo de trabajo, inversores, proveedores… y que, a la vez, evalúa al resto. Por eso me parece especialmente interesante, a la par que contribuirá a su propio desarrollo y al de su negocio, el saber dar y recibir reconocimiento.

Siguiendo la teoría del autor Rosenberg, tanto para cuando demos como para cuando recibamos reconocimiento, convendría prestar atención a estos 3 elementos:

1. las acciones que contribuyeron a nuestro bienestar;
2. nuestras necesidades específicas que quedaron satisfechas;
3. los sentimientos placenteros que son el resultado de la satisfacción de dichas necesidades.

Traduciendo esto en el ejemplo de la frase que he utilizado al inicio “eres un crack”, si de verdad queremos aprender algo de lo que esconde ese reconocimiento más allá de satisfacer nuestro ego y aumentar nuestra autoestima, sería interesante que averiguásemos:

1. cuál fue esa acción que te llevó a pensar que yo era un crack;
2. a raíz de lo que hice, qué necesidad tuya satisfice… (te ahorré trabajo, te di beneficios, te hice salir en la portada de un periódico…)
3. qué sentimiento generó esa satisfacción (alivio, fortaleza, admiración…)

De esta manera algo tan general como el juicio sobre mi persona de que soy un crack se concreta en algo mucho más específico que me permite no regocijarme en el halago sino aprender y conectar con quien me reconoce. Y lo más interesante es que funciona igual si el juicio comporta negatividad. En lugar de tomar por válido el juicio de otro creyéndome que “eres un desastre”, sepamos qué acción concreta le llevó a pensar de tal manera, qué necesidad suya no quedó satisfecha por esa acción y qué sentimiento que no le es cómodo le apareció. Si aplicáis estos 3 elementos veréis cómo ganaréis fortaleza.

Y ya por último, apliquémoslos también para aquellos a quienes queramos reconocer. El funcionamiento es exactamente el mismo y los efectos son extraordinariamente positivos al proporcionarle a esa persona información sobre qué hizo que nos ayudó a satisfacer una determinada necesidad que teníamos y cómo nos hizo sentir.

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