La felicidad del emprendedor

Llevaba tiempo con ganas de escribir este post por la importancia que creo que tiene un tema como éste y, si bien me rondaba desde hacía meses por la cabeza, he tardado en encontrar el momento de ponerme delante de las teclas…

Mi interés por la felicidad del emprendedor aumentó el día en que, sentada en el sofá, viendo un programa en la televisión pública española dedicado a poner en competición a los emprendedores para conseguir el beneplácito de los inversores, me sorprendieron las declaraciones de una de las “concursantes emprendedoras”. He visionado de nuevo el programa en Internet así que las palabras que pronunció esta emprendedora son tal cual las copio a continuación: “Me gustaría que mi hijo tuviera un estilo de vida totalmente diferente al mío. Me gustaría que mi hijo fuera feliz. Yo sé que nunca voy a ser feliz. Voy a hipotecar mi vida, la de mi marido, la de mi hijo 5 años y luego los voy a exprimir al máximo”.

Wow!! ¿qué te hace sentir una persona que reconoce que no es feliz, que habla de hipotecar su vida y la de sus seres más queridos durante 5 años? Me pregunto qué le mueve a esta mujer en la vida para aplazar lo mejor que ésta nos ofrece que es la felicidad y cómo piensa recuperar lo que no va a vivir con su hijo desde los 5 hasta los 10 años.

No sólo el contenido sino también la convicción con las que fueron pronunciadas no me dejaron indiferente. Me provocaron, sobre todo, mucha tristeza por ver la oportunidad de ser feliz desperdiciada y, especialmente, por estar dispuesta a sacrificar la de tu hijo.

No obstante, todavía hay algo más grave que me dejó atónita: que nadie, absolutamente nadie de los que formaban parte de ese programa diera la voz de alarma y sugiriera un alto en el camino para analizar qué estaba pasando, si era necesario ese estilo de vida y si, más allá de ser necesario, era sano. Por el contrario, el programa continuó su recorrido y, en lugar de ofrecer un espacio a esa mujer que tanta paz y reflexión requería, le enseñaron a construir un buen elevator pitch. De nuevo una muestra más de que los conocimientos “hard” están sobrevalorados y, en cambio, otros considerados más “soft” como la inteligencia emocional, se infravaloran.

En nuestra sociedad estamos acostumbrados a medir el éxito por lo que se ve. En el caso de un emprendedor valoramos que haya puesto en marcha la empresa, que haya contratado personal, que disponga de un buen local, que tenga clientes… pero, ¿qué valor le damos a que consiga ser feliz?

Es evidente que si tú no eres feliz, es imposible que consigas que los de tu alrededor lo sean. En el caso de esta mujer, que hablaba de hipotecar no sólo su propia felicidad sino también la de su marido y la de su hijo, también salpicaba a sus padres que reconocían estar preocupados por ella y por ver cómo ésta trataba a su nieto “como un paquete que lleva de aquí para allá”, a sus amigos y, cómo, no ¡¡a sus trabajadores!! Éstos, entre dientes, hablaban de su dureza, de su exigencia… Normal. Quien no es feliz no va a procurar que los que están a su lado lo sean.

Sorprende cuando vemos lugares de este mundo en que las personas apenas tienen lo básico para vivir y, sin embargo, se reconocen abiertamente felices.

¿Qué nos lleva entonces a poner por encima de todo lo material? ¿Qué modelo de sociedad queremos construir como emprendedores? ¿qué ejemplo estamos dispuestos a transmitir? ¿para qué estamos en esta vida sino es para ser felices?

Cada uno elige su estilo de vida y forma parte del mío respetar las opiniones y deseos del otro, sin embargo, si tuviera a esa mujer delante me atrevería a preguntarle: ¿para qué quieres sacar una empresa adelante si no te hace feliz?

Precisamente el emprendedor es perseverante, fuerte, apasionado, resiliente… porque es feliz haciendo lo que hace y cree que puede contribuir al bienestar y felicidad de otros. De otro modo, ¿qué interés tiene que sigas haciendo lo que haces?

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