El PP, la conciencia y la actividad emprendedora

Pongo por delante lo siguiente: si bien soy consciente de que en el título de este post nombro al PP lo hago por un hecho puntual. Lo cierto es que no soy demasiado afín ni al color azul ni al rojo, tampoco al violeta ni naranja… en fin, que no está en mi ánimo cargar contra todo un partido político ni contra todos los que forman parte de él o sus votantes…

Sin embargo, están aquí por lo siguiente: hace poco se votó la ley del aborto y, de todo el revuelo que esa votación generó, me quedo con lo siguiente: el PP prohibió a sus diputados votar “en conciencia”. Me resulta tremendamente chocante que pidas a alguien que no actúe siguiendo su conciencia porque lo que le estás pidiendo es que vaya en contra de sí mismo, de sus valores, de sus creencias, de aquello en lo que más cree y que, en parte, lo conforma como persona singular.

Eso me lleva a la reflexión siguiente: ¿qué puedo esperar de mis dirigentes políticos si piden no seguir (y ellos están dispuestos a obedecer esa imposición) la conciencia? Quizá eso explique algo del ingente alud de corrupciones y corruptelas que invaden a muchos de esos colores políticos. Es normal que si no “exiges” ser fiel a tus valores, te encuentres con sorpresas desagradables. Es lógico que, si ni siquiera eres fiel a ti mismo, menos lo seas con otros…

Por si fuera poco, dado que por mucho que uno pida está en nuestras manos hacer caso o no de esa petición, advirtieron: si votas en conciencia, serás castigado. ¿De verdad que en nuestra sociedad esto no ha generado más debate? Es claro el mensaje: ve en contra de tus principios porque si los sigues te castigarán.

Elogio a quienes siguieron su conciencia, aunque pueda no estar de acuerdo con lo que esa conciencia les decía. Pero admiro su coraje, su determinación y su lealtad a lo más sagrado que tienen: sus valores y su identidad.

Queremos una sociedad sana, emprendedora, solidaria. ¿Deberían los emprendedores seguir su conciencia?, ¿desearíamos que fueran sus valores los pilares de su actividad y de su aporte a la sociedad? ¿queremos emprendedores y empresarios alejados de su conciencia? No. Casos tenemos también de qué consecuencias conlleva el contar con esta suerte de personas en nuestra sociedad…

Es más, ¿qué sentido tiene educar a los niños en ciertos valores que luego quizá alguien les pida que traicione?

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No me río

Aprovechando que este mes es el día del libro, nos impactan con novedades editoriales. Una me llamó especialmente la atención y lo hizo por dos motivos: primero porque fue protagonista de un espacio en el telediario y, segundo, por su temática.

El libro, escrito por una farmacéutica, es una especie de colección de chascarrillos sobre estrambóticas situaciones que esta farmacéutica se ha encontrado a lo largo de su carrera y que van desde la señora que, cada semana, le llevaba las lentejas para que probase si estaban bien de sal ya que tenía la tensión alta hasta el señor que se ató los supositorios a la cintura porque le dolían los riñones y así los tenía cerca del foco del dolor.

Supuestamente esto hace gracia, al menos se lo hacía a la farmacéutica quien contaba las anécdotas aguantándose la risa y le parecía divertido también a la presentadora del telediario que también sonreía por las ocurrencias.

Tal vez en un nivel superficial nos haga sonreír pero, en un nivel algo más profundo, cuando el humor no surge de la ocurrencia, el ingenio o la inteligencia sino de la profunda ignorancia, para mí no es motivo de risa (que, en el fondo, lleva encubierto algo de burla) sino de tristeza.

Un país como España que quiere abanderar la educación emprendedora no puede permitirse una televisión pública con noticias de este calibre. La noticia debería estar en qué hacemos para erradicar de nuestros ciudadanos estas situaciones de desconocimiento, ignorancia y falta de información, en cómo vamos a educar a nuestros niños para que realmente consigamos personas más preparadas y autónomas.

Esa noticia quizás sí debería estar en el telediario pero como una señal de alerta, no como una promoción editorial.