¡Fuera de aquí!

Imagínate que estás en el sofá de tu casa, viendo en la tele el programa que te gusta, comiéndote un helado de tu sabor preferido, con el pijama y bien calentito. ¿Te apetecería salir de casa? Aunque sepas que sólo saliendo de ella encontrarás nuevas experiencias y aventuras, la verdad es que a la mayoría nos da pereza. Eso es porque estamos muy acostumbrados y a gusto en lo que se llama nuestra “zona de confort”, ese espacio que conocemos, dominamos y en el que nos sentimos cómodos y protegidos.

Sin embargo esa cálida zona tiene un inconveniente: limita el aprendizaje. Es cierto que, dentro de ella, podemos aprender. Pero lo que aprenderemos será parecido a lo que ya sabemos, la gente a la que podremos conocer será de un círculo muy reducido y las experiencias serán todas muy similares entre sí.
Para aprender cosas muy distintas, encontrar a gente diversa y disfrutar de experiencias diferentes, tenemos que quitarnos los calcetines y disponernos a salir de nuestra zona de confort.

Un emprendedor, al igual que cualquier persona, también se siente a gusto con lo que ya conoce pero está dispuesto a arriesgar no sólo en términos económicos sino también cualitativos, es decir, se dispone a traspasar lo conocido para adentrarse en la incertidumbre en busca de “algo” que espera que sea mejor para él/ella.

Y, aunque esa zona está repleta de interrogantes, lugares y personas desconocidas, nos invita a aprender más de nosotros mismos. Desafía nuestros límites y, si conseguimos resistir el deseo de volver a nuestra zona de confort, nos premia. Y lo hace enriqueciéndonos como personas y profesionales.

Además, con el tiempo, esa zona antes desconocida se convierte en una nueva zona de confort. Y, de nuevo, como emprendedor seguimos avanzando conquistando otras zonas en busca de nuevos aprendizajes.

Si eres de los que se resisten a quitarse el pijama, quizá puedas preguntarte qué crees que conseguirías si salieras fuera y qué necesitas para dar ese paso.

No lo dudes: aunque estés cómodo donde estás, puedes ser y tener más. Si te atreves a salir de tu zona encontrarás caminos con los que disfrutarás y aprenderás.

Anuncios

Cuando el reconocimiento es un arma de doble filo

¿A quién no le gusta que le digan “lo has hecho muy bien” o “eres un crack” o “gracias a ti hemos alcanzado el éxito”? Son frases que otros nos regalan y que implican un reconocimiento hacia nuestro trabajo, capacidad o manera de ser. El efecto positivo es inmediato: satisface la intrínseca necesidad de todo ser humano de elevar su autoestima. Además, y como emprendedores, recibir esta clase de aliento de quienes nos rodean, nos motiva a seguir impulsando nuestros proyectos.

Hasta hace muy poco, conocía tres modalidades de reconocimiento que daba como válidas y aplicaba en mi vida profesional y personal.

La primera empezaba con la frase “quiero felicitarte por haber hecho…” seguida de la acción que quisiera reconocer. Con esto expresaba mi enhorabuena orientada a un determinado comportamiento.

La segunda decía “quiero felicitarte por tu capacidad para…” y añadía cuál era esa capacidad reconocida. En este caso, la orientación del reconocimiento se dirigía a la habilidad o talento de la persona.

Y la tercera modalidad de reconocimiento la iniciaba con el enunciado “quiero felicitarte por ser…” al que incorporaba qué cualidades de su ser consideraba merecedoras de mi reconocimiento.

Entendía que el impacto que generaba el reconocimiento en la persona era superior cuanto más lo dirigiese a su ser y no a una determinada acción.

Sin embargo y a raíz de la lectura del libro “Comunicación no violenta” del autor Marshall B. Rosenberg, que resultó muy revelador, he descubierto el peligro que entraña cierto tipo de expresión del reconocimiento, especialmente el orientado a la habilidad y al ser de la persona.

Esos reconocimientos, excepto el que se dirige a reconocer una acción específica, implican un juicio de quien los emite respecto de la persona que los recibe. Si bien ese juicio, al resaltar cualidades positivas, tiene un efecto también positivo, no por ello deja de ser un juicio que hacemos sobre otro (“yo pienso que tú eres…”, “yo creo que tú tienes capacidad para…”). En cuanto el sentido del juicio deje de centrarse en lo positivo para hacerlo sobre lo negativo, el efecto será entonces demoledor porque también le daremos validez al haber desplazado lo que opinamos sobre nosotros mismos del yo al otro.

El emprendedor es una persona que habitualmente siente que está sometida a muchísimas evaluaciones: la suya propia, la de sus socios, equipo de trabajo, inversores, proveedores… y que, a la vez, evalúa al resto. Por eso me parece especialmente interesante, a la par que contribuirá a su propio desarrollo y al de su negocio, el saber dar y recibir reconocimiento.

Siguiendo la teoría del autor Rosenberg, tanto para cuando demos como para cuando recibamos reconocimiento, convendría prestar atención a estos 3 elementos:

1. las acciones que contribuyeron a nuestro bienestar;
2. nuestras necesidades específicas que quedaron satisfechas;
3. los sentimientos placenteros que son el resultado de la satisfacción de dichas necesidades.

Traduciendo esto en el ejemplo de la frase que he utilizado al inicio “eres un crack”, si de verdad queremos aprender algo de lo que esconde ese reconocimiento más allá de satisfacer nuestro ego y aumentar nuestra autoestima, sería interesante que averiguásemos:

1. cuál fue esa acción que te llevó a pensar que yo era un crack;
2. a raíz de lo que hice, qué necesidad tuya satisfice… (te ahorré trabajo, te di beneficios, te hice salir en la portada de un periódico…)
3. qué sentimiento generó esa satisfacción (alivio, fortaleza, admiración…)

De esta manera algo tan general como el juicio sobre mi persona de que soy un crack se concreta en algo mucho más específico que me permite no regocijarme en el halago sino aprender y conectar con quien me reconoce. Y lo más interesante es que funciona igual si el juicio comporta negatividad. En lugar de tomar por válido el juicio de otro creyéndome que “eres un desastre”, sepamos qué acción concreta le llevó a pensar de tal manera, qué necesidad suya no quedó satisfecha por esa acción y qué sentimiento que no le es cómodo le apareció. Si aplicáis estos 3 elementos veréis cómo ganaréis fortaleza.

Y ya por último, apliquémoslos también para aquellos a quienes queramos reconocer. El funcionamiento es exactamente el mismo y los efectos son extraordinariamente positivos al proporcionarle a esa persona información sobre qué hizo que nos ayudó a satisfacer una determinada necesidad que teníamos y cómo nos hizo sentir.

Del autoconocimiento a la acción

Escribía en mi anterior post sobre la importancia que tiene el autoconocimiento del propio emprendedor en todo el proceso de emprendimiento. Este autoconocimiento, al que llega tras un análisis y reflexión previas, le provee de mayor información útil para el desarrollo de su proyecto.

Ahora bien, ¿cuál es, en esencia, el valor de conocernos? No es únicamente la conciencia que adquirimos sobre nosotros mismos sino, fundamentalmente, transformar esa conciencia e información en acción. Es decir, gracias a lo que sé de mí, actúo de una determinada manera para conseguir lo que busco y alcanzar mis objetivos, tanto a nivel personal como profesional.

Por eso, más allá de elaborar un DAFO personal, conviene dar otro paso que implica estar dispuesto a entrar en acción. La herramienta que complementa al DAFO es, por tanto, la que se conoce como CAME a través de la cual elaboramos un plan de acción para Corregir nuestras Debilidades, Afrontar las Amenazas, Mantener nuestras Fortalezas y Explotar las Oportunidades.

Enlazando con el ejemplo del post anterior, tras el DAFO que confeccionamos, éste podría ser nuestro CAME personal:

Captura de pantalla 2013-04-15 a las 19.48.14

Lo interesante e importante es que este CAME personal no quede en una simple declaración de intenciones sino que devengan acciones concretas en situaciones definidas. Por eso, en la medida de lo posible, concrétalas todo lo que puedas y ponte en marcha!. Y algo más:

– Fija un calendario para cada una de esas acciones que vas a ejecutar.
– Evalúa, cada cierto tiempo que tú decidas, si estás cumpliendo o no con lo que te habías comprometido a hacer.
– Si es que estás cumpliendo, ¿piensas que puedes añadir nuevas acciones que amplíen tu horizonte y te permitan seguir desarrollándote?, ¿cuáles serán?
– Si no estás siguiendo las acciones que te habías marcado, ¿qué está fallando?, ¿en qué sentido debes revisarlas?

¿Qué harías si siguieras tus propios valores?

Vivimos rodeados de referencias constantes a los valores, todas las empresas dicen tener unos característicos. Incluso nosotros, como emprendedores, dedicamos todo un apartado a ellos en el Business Plan. Y, ¿qué es un valor? De las definiciones que conozco, la que más me convence es la que dice que es un principio fundamental de la persona, que marca su manera de ser y de estar en el mundo. Por tanto, eso nos conduce a pensar que los valores no son conceptos que estén fuera o por encima de nosotros sino, muy especialmente, son parte de los pilares de nuestra esencia.
Si yo te preguntara, ¿cuáles son tus valores?, ¿qué me contestarías? No tengas prisa en dar una respuesta. Descubrirlos no es algo inmediato, seguramente la respuesta te la darán no sólo la razón sino también el corazón porque nuestros valores no son algo que sólo conozcamos sino que, muy especialmente, sentimos. He aquí, una de sus primeras características: son sentimiento. Por eso son tan importantes para nosotros y queremos ser fieles a ellos porque, siendo coherentes con lo que sentimos, estamos bien.
Te propongo un par de maneras para acercarte a conocer tus valores. La primera consiste en que recuerdes una situación que haya sido muy especial para ti, que te haya movido por dentro… Cuando la tengas, detente en averiguar cuáles son aquellos valores que estaban presentes en ella. La segunda consiste en que recuerdes una o varias acciones que has llevado a cabo, de cualquier índole. Si ya las tienes, saca tu lupa de aumento y analiza con detalle qué valores subyacentes te movieron a realizar esas acciones. Ahí los tienes!
Elegimos con libertad nuestros valores. Nadie puede imponérnoslos si en nuestro corazón, no los hacemos nuestros. ¿Alguien se cree que si yo no fuera solidaria, empezaría a serlo porque alguien me dice: tú, sé solidaria? No nos engañemos…
Y, como ya habréis deducido, nos impulsan a la acción, a una “determinada” acción. De todas las posibilidades que existen, elijo una respuesta y no otra porque en mi decisión, de manera consciente o inconsciente, influyen mis valores.
Muchas personas opinan, yo entre ellas, que la crisis económica es fruto de una crisis de valores. Son valores como la soberbia, la codicia y el egoísmo los que han llevado a que muchos deban padecer las consecuencias de las acciones de unos cuantos. Ahora, para salir de la crisis, nos alientan a que hagamos nuestros valores como la austeridad, la calma y la confianza.
¿Y qué tiene que ver el emprendedor en esto? Muchísimo. Un emprendedor cuyos valores son los mismos o similares a aquellos que han propiciado la situación en la que todos estamos inmersos, difícilmente contribuirá a que las cosas sean distintas. La crisis hay que superarla, por supuesto, pero no para volver a estar igual sino para estar mejor en términos de bienestar no sólo material sino también emocional.
Por aquí y por allá se fomenta el emprendimiento, en especial el de empresas tecnológicas o científicas, con un fuerte potencial de crecimiento, que den trabajo al mayor número de personas, que sean competitivas (léase que compitan en costes al precio que sea y a costa de quien sea)… y no se hace referencia alguna a los necesarios valores de esos emprendedores para impulsar reales transformaciones en la sociedad. ¿De verdad podemos creer que así vamos a salir de la crisis? Sí, es posible… para, en unos años, caer en otra… algo que parece que se da por supuesto porque es algo cíclico… Me niego a creerlo.
Como persona emprendedora, si tienes un proyecto valioso para nuestra sociedad ¿qué harías si siguieras tus valores?, ¿en qué mundo te gustaría vivir? ¿y qué mundo te gustaría contribuir a construir?