Mi mirada acerca de qué es y significa “emprender”

A nadie se le escapa que ahora emprender está en boca de muchos y en la intención de muchos otros. La crisis y la necesidad, el desempleo y la oportunidad, el hastío en trabajos anodinos y la ilusión de dedicarse a lo que apetece, hace que nunca como antes se dediquen artículos, formaciones y leyes a este sector de nuestra sociedad.

Recuerdo que yo ya había constituido una empresa cuando tomé conciencia de en qué consistía ser emprendedor y de que mi perfil encajaba en esa definición. Tuve la suerte de hacer cursos varios en programas diversos de diferentes escuelas de negocio y conocí qué era la Visión, Misión y los Valores, cuáles debían ser los trámites jurídicos de constitución, qué fiscalidad debía aplicarse, cuál era la legislación para la contratación de personal, el marketing para empaquetar, cómo determinar los precios y, sobre todo, cómo vender… para conseguir ingresos, sobrevivir, internacionalizarse y crecer… crecer más… seguir creciendo…

Con la experiencia de los años y el devenir de múltiples vivencias, he comprobado, verificado y sentido que emprender es mucho más que todo aquello, y que ese largo, desafiante y excitante proceso forma parte de la actitud que decidas tener ante la vida.

Afirmo, sin ningún género de duda, que todos los niños tienen ese talento innato para emprender. Lo hacen a través de sus iniciativas, sus juegos, sus interacciones… Confían en sí mismos, no les paraliza el miedo, son atrevidos, asumen riesgos y no cargan con las interpretaciones sobre la culpa, el error o el fracaso. Con el tiempo, esa naturalidad se pierde… o, más bien, nos ayudan a que la perdamos… y lo que, antes surgía de la espontaneidad, ahora debe nacer de una férrea voluntad.

Emprender es, principalmente, confiar en tus posibilidades, en lo que puedes hacer y en cómo puedes hacerlo, sabiendo que eres capaz de crear la realidad que has sido capaz de imaginar. El emprendedor dialoga consigo mismo, y con los otros, siempre desde la posibilidad, la creatividad, la ilusión y la esperanza, en lugar de hacerlo desde la limitación, la rigidez o el miedo. Quien se atreve a emprender no dice “lo intentaré” sino “lo haré”, asume sus responsabilidades y consigue que los obstáculos no lo derriben, pues contempla el mundo como un lugar repleto de oportunidades y a él mismo como protagonista de su realidad.

El emprendedor supera el desaliento que le provoca ver constantemente y en la mayoría de las ocasiones que las noticias insisten en enseñarnos lo peor de nosotros y de la sociedad que hemos construido. Porque él espera más de su vida, de la sociedad de la que forma parte y del mundo que habita. No sólo sabe, sino que siente y cree férreamente que existen otras posibilidades y que él puede contribuir a crearlas.

Y no sólo es emprendedor quien pone en marcha un negocio sino todo aquél que, esté en el lugar que éste, toma las riendas de su vida con el firme compromiso hacia sí mismo de liderarla y ser protagonista de cuanto le suceda.

Quien emprende une sus conocimientos, sus emociones y sus acciones para construir esa otra alternativa, ésa que forma parte de su sueño y que, lejos de considerar una utopía, define como alcanzable. Siente una enorme ilusión aunque no es un iluso. Le caracterizan su fe y esperanza aunque no es un ingenuo. Vive en un perfecto equilibrio entre el mundo que es y el mundo que sabe y siente que puede ser, construyendo puentes que otros no han visto todavía para pasar de uno a otro.

El emprendedor es un agente de cambio para sí mismo y, por ende, para la sociedad porque decide darse la oportunidad de creer y de crear.

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