Pedro Zerolo y el valor de la autenticidad, el positivismo y el diálogo

En un momento en que la sociedad está empachada de tanta corrupción política, es todavía más desoladora la pérdida de algunas de sus figuras más inspiradoras.

Entre las muchas cualidades y valores que podrían destacarse de Pedro Zerolo, quiero detenerme en aquéllos que para mí son especialmente significativos por cuánto nuestra sociedad demuestra que necesita ser alimentada con ellos.

Pedro Zerolo me llegaba como una persona auténtica, que pensaba, decía y hacía en coherencia con su esencia. Muchas personas tienden a ocultarse detrás de máscaras porque exponerse es difícil, tiene riesgos y puede doler demasiado. ¿Cuántas personas conocemos que dicen una cosa y hacen otra? ¿cuántos se han cruzado en nuestro camino sin llegar a dejarnos ver quién hay detrás de sus palabras y acciones? ¿cuánto nosotros estamos también alejados de nuestra autenticidad? Sin embargo a mí este político me parecía que tenía una profunda conexión con su ser. Y cuando alguien disfruta de esa conexión pasan dos cosas. La primera hacia fuera y es que irradia y transmite autenticidad. La segunda hacia dentro y es que alguien auténtico se siente fuerte y esa fuerza, transformada en valentía, en el caso de Pedro Zerolo derivó en importantes logros en los derechos civiles de muchas personas.

Resalto también el positivismo que tienen aquéllos que se saben protagonistas de su vida. No deja de sorprenderme la cantidad de personas instaladas en la queja, el victimismo, el negativismo. Todo, o casi todo, lo ven del lado menos bueno, si algo positivo les pasa esperan que algo malo pase después o desconfían… Claro que pasan cosas malas y muy malas… algunas quizá podamos cambiarlas, otras no. Lo que sabemos seguro es que desde la queja no se transforman, desde la acción sí. Y para querer actuar hay que creer que puede hacerse y, para eso, hay que ser positivo.
Son los seres humanos positivos los que hacen avanzar las sociedades…

Y acabo con el diálogo que tan fundamental es para comunicarnos y construir, para evitar conflictos y, si los hay, darles solución. No es lo mismo hablar que dialogar porque el diálogo necesita mucha escucha, respeto y comprensión. Todos sabemos hablar. Muy pocos saben dialogar y creo que ayer perdimos a una de estas personas que sí sabían dialogar porque respetaba la diversidad, preguntaba, se cuestionaba y buscaba el mutuo entendimiento para construir.

Hay personas que creen que un emprendedor es sólo aquél que crea empresas. Pedro Zerolo es un ejemplo de que se puede ser emprendedor sin tener empresa, creando proyectos de otra índole en la vida.

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El PP, la conciencia y la actividad emprendedora

Pongo por delante lo siguiente: si bien soy consciente de que en el título de este post nombro al PP lo hago por un hecho puntual. Lo cierto es que no soy demasiado afín ni al color azul ni al rojo, tampoco al violeta ni naranja… en fin, que no está en mi ánimo cargar contra todo un partido político ni contra todos los que forman parte de él o sus votantes…

Sin embargo, están aquí por lo siguiente: hace poco se votó la ley del aborto y, de todo el revuelo que esa votación generó, me quedo con lo siguiente: el PP prohibió a sus diputados votar “en conciencia”. Me resulta tremendamente chocante que pidas a alguien que no actúe siguiendo su conciencia porque lo que le estás pidiendo es que vaya en contra de sí mismo, de sus valores, de sus creencias, de aquello en lo que más cree y que, en parte, lo conforma como persona singular.

Eso me lleva a la reflexión siguiente: ¿qué puedo esperar de mis dirigentes políticos si piden no seguir (y ellos están dispuestos a obedecer esa imposición) la conciencia? Quizá eso explique algo del ingente alud de corrupciones y corruptelas que invaden a muchos de esos colores políticos. Es normal que si no “exiges” ser fiel a tus valores, te encuentres con sorpresas desagradables. Es lógico que, si ni siquiera eres fiel a ti mismo, menos lo seas con otros…

Por si fuera poco, dado que por mucho que uno pida está en nuestras manos hacer caso o no de esa petición, advirtieron: si votas en conciencia, serás castigado. ¿De verdad que en nuestra sociedad esto no ha generado más debate? Es claro el mensaje: ve en contra de tus principios porque si los sigues te castigarán.

Elogio a quienes siguieron su conciencia, aunque pueda no estar de acuerdo con lo que esa conciencia les decía. Pero admiro su coraje, su determinación y su lealtad a lo más sagrado que tienen: sus valores y su identidad.

Queremos una sociedad sana, emprendedora, solidaria. ¿Deberían los emprendedores seguir su conciencia?, ¿desearíamos que fueran sus valores los pilares de su actividad y de su aporte a la sociedad? ¿queremos emprendedores y empresarios alejados de su conciencia? No. Casos tenemos también de qué consecuencias conlleva el contar con esta suerte de personas en nuestra sociedad…

Es más, ¿qué sentido tiene educar a los niños en ciertos valores que luego quizá alguien les pida que traicione?

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La degeneración del propósito superior de la farmacéutica del Sovaldi

Quiero reflexionar sobre un tema que afecta a muchos países del mundo: el precio del fármaco Sovaldi. Por si alguien no sabe de qué va, haré un brevísimo resumen: la farmacéutica Gilead tiene la patente del primer medicamento que cura en un 90% los casos de hepatitis C: el llamado Sovaldi. Es el remedio más eficaz para los enfermos y, por eso, Gilead ha establecido unos precios que, en mi opinión y en la de millones de personas, son absolutamente abusivos: un tratamiento puede llegar a costar unos 40.000€ en España o más 80.000€ en EEUU.

Más allá de todas las repercusiones sociales que esto ha creado en los gobiernos (y en su responsabilidad en este tema) de los diferentes países que quieren acceder a este medicamento para ofrecerlo a sus ciudadanos enfermos, a mí hay algo que me llama poderosamente la atención y sobre lo que quiero reflexionar en este espacio dedicado al emprendimiento.

En mi trayectoria he tenido la oportunidad de conocer a cientos de emprendedores, algunos de ellos dedicados al sector farmacéutico. Nunca llegué a entender muy bien sus productos porque sus explicaciones siempre eran muy científicas e incomprensibles para mí. Pero sí recuerdo con claridad 2 aspectos: el primero era que los plazos para llegar a comercializar un medicamento son muy largos y, en parte por eso, los costes muy elevados. El segundo punto que recuerdo a la perfección es la definición de la misión que tenían con su proyecto: salvar vidas. Yo los escuchaba y admiraba porque es un fin loable. Quien quiere tirar adelante un proyecto para convertirlo en un negocio lo hace, principalmente, porque quiere aportar un valor a la sociedad. Y cuando ese valor se materializa, el emprendedor obtiene a cambio un rendimiento económico.

Todo emprendedor quiere aportar valor a la sociedad y quienes se dedican al emprendimiento en sectores relacionados con la salud, siempre apuntan a que su deseo es precisamente ése, aportar salud a los enfermos.

Antes de escribir este artículo he tenido la curiosidad de entrar en la web de Gilead y, efectivamente, así lo manifiestan ellos también: quieren mejorar la vida de los enfermos “improving lives”… Viendo como actúan, creo que se les ha olvidado añadir “only for rich people”.
Me pregunto en qué momento empezó la degeneración de ese loable propósito con el que los emprendedores la crearon. Muy probablemente cuando entró capital en la compañía y, si bien continuaron con su actividad, desvirtuaron su esencia para reducirla a balances, cuentas de explotación y beneficios.

¿Estoy insinuando que regalen el medicamento? Por supuesto que no! Lo que digo es que existe la posibilidad de establecer otro tipo de precio, ése que conecta el dinero con el valor y el propósito superior: mejorar y salvar vidas. El que hay ahora sólo conecta el dinero con los accionistas: recibirán más dividendos. Estoy segura de que si decidieran modificarlo, aún así, sus accionistas recibirían dividendos (claro que menos pero seguirían teniendo).

Para mí la vida está por encima del dinero y cada día oigo en las noticias que personas mueren de hepatitis C pudiendo haberse evitado esos fallecimientos. Gilead lo sabe y sigue con su política de inflexión. Deberían saber también que tener en tu mano la pastilla que salva vidas y no ofrecerla, al menos en mi opinión, te convierte en tan homicida como quien empuña un arma.

“El alma de la empresa, si la tuvo, comienza a morir el mismo día en que su objetivo principal se convierte en ganar dinero” (Richard Barret)

Más allá de los euros

Estoy asqueada de sentir que sobre España brilla la palabra corrupción. No hay día que no lea u oiga alguna noticia relacionada con chanchullos varios que no hacen más que sembrar un tsunami de pesimismo entre los que cada día están en situaciones más precarias y, aún así, se supone que tienen que seguir aguantando y luchando por este país. El pesimismo se convierte en dramatismo cuando anidamos la profunda creencia de que estas polémicas casi lo único que hacen es levantar polvo y más polvo y deteriorar la ya maltrecha imagen de los políticos pero que no van a dar con los huesos de ninguno de éstos donde deberían estar, en la cárcel.

Esta situación consigue que me aferre con más fuerza a la idea de que la crisis es básicamente una crisis de valores y, en consecuencia, ha derivado en una crisis económica. Algunos han convertido al dinero en el fin supremo y único de sus vidas y su codicia empaña el nombre anónimo de miles de personas honradas, trabajadoras y de valores.

¿Qué nos ha pasado? Tal vez es que construimos nuestras vidas sobre el Tener y no sobre el Ser, tal vez porque sea más fácil, quizá menos doloroso, puede que al principio resulte más gratificante y placentero. Sin embargo, no es sostenible. El Tener no tiene límites y, por eso, acabas invadiendo los límites del otro y procurando para ti lo que esperas sustraerle al de al lado.

Sin embargo la vida que, en esencia, es pura sabiduría te muestra que el camino fácil no es el que te conduce a “ser” feliz y que, más allá de los euros necesarios para vivir con dignidad, lo que todos deseamos son momentos especiales con personas especiales.

La mayoría de los emprendedores (los que crean negocios y los que no) son personas impulsadas por una visión, por un sueño, motivadas por el deseo de ofrecer valor a la sociedad y hacerla más rica en bienestar. En estos momentos son, por tanto, una chispa de esperanza para el cambio.

Y no es tarea sencilla dedicar parte, o toda, tu vida a un sueño cuando los inputs que recibes de fuera son el consumismo y la comodidad. ¿Quién te ha hecho creer que necesitas más dinero para ser feliz? ¿ha sido la publicidad? porque te han engañado, lo que buscan es que consumas, que consumas productos con los que te hacen creer que vas a ser más feliz. Si los has comprado, seguro que sabes que no te han hecho ser feliz y, si lo han conseguido, ha sido de manera superficial y efímera.

¿Quién te ha dicho que para ser feliz tienes que estar cómodo? La comodidad nos ofrece estabilidad pero limita nuestros horizontes y es enemiga de los emprendedores que, constantemente, tienen que sobrepasar su zona de confort para explorar nuevas oportunidades y descubrirse a sí mismos.

No quiero negar que el emprendedor no pretenda conseguir una rentabilidad económica a través de sus acciones, pero ésta la entiende como un fin, una consecuencia que viene dada por el valor que aporta. Ésta es la diferencia entre las personas que buscan el dinero sin dar nada de valor a cambio y las que lo consiguen por lo que ofrecen.

El propósito de nuestras vidas es ser felices y la manera en que los emprendedores lo consiguen es dedicándose en cuerpo y alma a sus proyectos. Pese a las dificultades y el esfuerzo, los que conozco se reconocen felices.

¿Cuál es el propósito de tu vida?… y
… ¿qué papel juega el dinero en ella?

¿Qué harías si siguieras tus propios valores?

Vivimos rodeados de referencias constantes a los valores, todas las empresas dicen tener unos característicos. Incluso nosotros, como emprendedores, dedicamos todo un apartado a ellos en el Business Plan. Y, ¿qué es un valor? De las definiciones que conozco, la que más me convence es la que dice que es un principio fundamental de la persona, que marca su manera de ser y de estar en el mundo. Por tanto, eso nos conduce a pensar que los valores no son conceptos que estén fuera o por encima de nosotros sino, muy especialmente, son parte de los pilares de nuestra esencia.
Si yo te preguntara, ¿cuáles son tus valores?, ¿qué me contestarías? No tengas prisa en dar una respuesta. Descubrirlos no es algo inmediato, seguramente la respuesta te la darán no sólo la razón sino también el corazón porque nuestros valores no son algo que sólo conozcamos sino que, muy especialmente, sentimos. He aquí, una de sus primeras características: son sentimiento. Por eso son tan importantes para nosotros y queremos ser fieles a ellos porque, siendo coherentes con lo que sentimos, estamos bien.
Te propongo un par de maneras para acercarte a conocer tus valores. La primera consiste en que recuerdes una situación que haya sido muy especial para ti, que te haya movido por dentro… Cuando la tengas, detente en averiguar cuáles son aquellos valores que estaban presentes en ella. La segunda consiste en que recuerdes una o varias acciones que has llevado a cabo, de cualquier índole. Si ya las tienes, saca tu lupa de aumento y analiza con detalle qué valores subyacentes te movieron a realizar esas acciones. Ahí los tienes!
Elegimos con libertad nuestros valores. Nadie puede imponérnoslos si en nuestro corazón, no los hacemos nuestros. ¿Alguien se cree que si yo no fuera solidaria, empezaría a serlo porque alguien me dice: tú, sé solidaria? No nos engañemos…
Y, como ya habréis deducido, nos impulsan a la acción, a una “determinada” acción. De todas las posibilidades que existen, elijo una respuesta y no otra porque en mi decisión, de manera consciente o inconsciente, influyen mis valores.
Muchas personas opinan, yo entre ellas, que la crisis económica es fruto de una crisis de valores. Son valores como la soberbia, la codicia y el egoísmo los que han llevado a que muchos deban padecer las consecuencias de las acciones de unos cuantos. Ahora, para salir de la crisis, nos alientan a que hagamos nuestros valores como la austeridad, la calma y la confianza.
¿Y qué tiene que ver el emprendedor en esto? Muchísimo. Un emprendedor cuyos valores son los mismos o similares a aquellos que han propiciado la situación en la que todos estamos inmersos, difícilmente contribuirá a que las cosas sean distintas. La crisis hay que superarla, por supuesto, pero no para volver a estar igual sino para estar mejor en términos de bienestar no sólo material sino también emocional.
Por aquí y por allá se fomenta el emprendimiento, en especial el de empresas tecnológicas o científicas, con un fuerte potencial de crecimiento, que den trabajo al mayor número de personas, que sean competitivas (léase que compitan en costes al precio que sea y a costa de quien sea)… y no se hace referencia alguna a los necesarios valores de esos emprendedores para impulsar reales transformaciones en la sociedad. ¿De verdad podemos creer que así vamos a salir de la crisis? Sí, es posible… para, en unos años, caer en otra… algo que parece que se da por supuesto porque es algo cíclico… Me niego a creerlo.
Como persona emprendedora, si tienes un proyecto valioso para nuestra sociedad ¿qué harías si siguieras tus valores?, ¿en qué mundo te gustaría vivir? ¿y qué mundo te gustaría contribuir a construir?